jueves, 19 de enero de 2017

El mal servicio de @almacendepizzas y el buen servicio de @burger54arg

Salir a comer afuera es una experiencia que empieza mucho antes del acto de comer en sí y termina mucho después del momento en que terminamos de hincarle el diente a esa porción de pizza que tanto proyectamos en nuestras neuronas.
Nos preparamos, nos vestimos, pensamos qué vamos a comer. En rigor, ya estamos comiendo mucho antes de sentarnos a la mesa del local. Y después lo comentamos con nuestros compañeros de comida y también en redes sociales con mucha otra gente a la cual a la mayoría no le importa nada la foto del panqueque con durazno y crema que comimos de postre.
En fin, toda esa experiencia genera por defecto expectativas. Y las expectativas pueden alcanzarse superarse o, en algunos casos, quedar muy altas por causa de algunos factores. Para no ser muy aburrido, quisiera enfocarme solamente en uno de ellos: el servicio.
Anteayer llegamos hasta el local de Almacén de Pizzas. El menú estaba impreso en una hoja A3 plastificada y tenía muchas opciones de comidas, no solo pizza. Cada tanto, la descripción del plato se jactaba de ser la mejor pizza del país. Atrás de nuestra mesa, pegado en la pared, había un cartel que decía #ActitudPizza y otras cosas más.
Pedimos la comida y todo transcurrió más o menos normalmente. La cerveza vino en una frapera que la mantenía fría, un detalle simpático y valorable teniendo en cuenta lo pesada que era esa noche de martes de verano. Llegaron unas porciones de faina y estaban bastante secas. Nada grave. El primer problema llegó cuando la pizza que dos de las personas del grupo habían pedido llegó mal.
"Esta no es la pizza que pedimos.
Sí, es la veggie.
No, yo pedí la veggie que tiene calabazas dulces y queso azul.
No, usted me dijo veggie.
Pero esta no tiene calabazas.
Bueno, le traigo unas calabazas si quiere.
(...)
8 minutos después la moza trajo unas calabazas apiladas en un platito, como si fueran toppins que uno le debería agregar a la pizza y prepararla uno mismo a su gusto.
Me levanté con la pizza, y encaré para el mostrador.
La moza me interceptó
-Caballero, algún problema?
-Sí, quiero hablar con el encargado, porque nos trajeron una pizza que no pedimos, nos discutieron que era un error nuestra y después para arreglarlo trajeron un platito con calabazas.
-Bueno, si quiere le puedo hacer otra pizza.
-Ahora ya vamos a comer desfazados. ¿Pero qué pasó? ¿Por qué no tenía la calabaza?
-La verdad es que no sabría decirle. Si quiere le digo al pizzero que prepare otra con las calabazas.
-Cuánto va a tardar?
-Menos de 10 minutos
-Bueno, dale,
Vino, se llevó la pizza, el plato de calabazas y se fue. Un rato después, cuando ya todos habíamos terminado de comer, llegó la pizza caliente.
-El pizzero pide disculpas.
-OK, gracias.
Después de pagarle, volvimos a hablar con la moza. Una vez más, volvió a insistir que el error fue nuestro.
-Pero el menú está mal armado, ¿Cómo va a haber un tipo de pizzas que se llame Veggie y dentro de esas pizzas una que se llame Veggie?
(imagen ilustrativa)
-Sabe por qué se llama Veggie? Porque no tiene queso, es vegetariana.
-Pero todas son veggie, y algunas tienen queso. Igualmente nosotros pedimos la que tenía calabaza dulce.
-No, ustedes pidieron la veggie, acá lo tengo anotado, ve?
-Bueno, pero dijimos calabaza dulce y queso azul. Y además no da que traigan un platito con calabazas como diciendo "tomá armate la pizza que vos quieras". Se jactan de tener la pizza más copada, la que tiene más actitud
(interrumpe)
-Pero usted...
-Dejame terminar.
-Si bueno, como quiera, como usted diga.
Se dio vuelta y se fue.
Cuando fui a comentarle la situación al encargado del local de Almacen de Pizzas de Nordelta, la respuesta que nos dio no fue mucho mejor.
-Sí, sé que hubo un error y lo que puedo hacer es la próxima vez que vengan ofrecerles un descuento.
-La verdad que así como nos trataron no me dan ganas de volver nunca más, ni a este ni a ningún local de Almacen de Pizzas.
.Bueno, está bien, perfecto.
-¿Perfecto?
-Sí, perfecto, lo que usted prefiera.

Contra nuestra voluntad -se cortó la luz en casa- volvimos a salir al día siguiente. Esta vez fuimos al local Nordelta de Burger54. A pesar de que no hay mozos en el modelo de autoservicio, la atención que recibimos fue totalmente diferente y destacable. En la caja, la persona que nos tomó el pedido lo hizo con una sonrisa, con simpatía y hasta interactuando y respondiendo a los chistes y comentarios irónicos que le hicimos. En el mostrador donde se entregan los pedidos se olvidaron de darnos una hamburguesa. Enseguida nos la alcanzaron a la mesa. Y cuando Joaquina estaba cansada, apareció una chica y le ofreció papel y lápices para dibujar. Detalles.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Jacarandás 2016


Este año los jarcarandás florecieron un poco más temprano en Buenos Aires. Así que ya cuando no quedaban más flores azules sobre las copas de los árboles se me ocurrió comentarlo en la mesa del post bautismo.
-Ese jacarandá es tuyo, Ale?
-No, es del vecino.
-Qué lindos son los jacarandás, en el centro está lleno, por todos lados.
Interviene Beby, mi abuela, en la conversación. Beby sabe mucho de jardín.
-Y ahí cerca de donde vivimos nosotros en Martinez queda uno de los pocos jacarandás blancos.
-¿Blancos?
Eso fue todo una revelación.
Siempre se pueden aprender algo más de los jacarandás.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Foto con Santa por séptimo año consecutivo

7 años seguidos! Allá nos vemos en 2017, Santa.
Ver foto de 20112012 , 2013,
 2014 y 2015


jueves, 8 de diciembre de 2016

Último día de clases de Pedro


Ayer a la mañana Pedro caminó con seguridad los 24 pasos que separaban el auto de la puerta del colegio. No era un día más. Primero porque no es normal que llegue el momento del ingreso y no aparezcan las dudas, las excusas y los recursos (sin efecto) para evitar entrar al cole. Pero sobre todo porque ese miércoles fue el último día ordinario de Pedro como alumno regular de Nivel Inicial. 
Fue un camino largo que tomó literalmente todo una vida, y casi toda la existencia de este blog. Con momentos buenos y de los otros también. 
Por esas cuestiones del destino nos tocó ir solos en e auto ayer. Joaquina, enferma, no fue al colegio.
En el viaje le pregunté si estaba contento de que sea el último día de clases.
- Sí, pero todavía quedan algunos días de la semana que viene.
- Pero hoy es el último día de clases comunes.
-Sí, pero solo de inglés.
También le comenté que el año que viene va a empezar primaria. Que iba a tener que usar uniforme. 
- ¿Estás nervioso?
- No
- Bueno, mejor 
Llegamos al colegio, Pedro se bajó del auto y nos despedimos con un beso. 
Mientras la distancia nos separaba me di cuenta de que la nostalgia es un sentimiento propio de los adultos, que los chicos -Pedro al menos- todavía no conocen.

jueves, 27 de octubre de 2016

¿Quién escribe los cánticos de la cancha?

Cinco años después de que haya escrito este post
http://unmigone.blogspot.com.ar/2011/03/desnudando-los-canticos-de-cancha.html
y me haya preguntado quién los escribía y de dónde sacaban las ideas y cómo las promocionaban, acá la respuesta:
http://www.clarin.com/sociedad/Verdaderos-poetas-tablon-canciones-cancha_0_1675632437.html
Tarda en llegar y al final hay recompensa.
salud!

martes, 25 de octubre de 2016

unmigone Goes Miami: Shampoolifter

No sin mucha vergüenza, confieso que me gusta traerme todos los shampoos que pueda de los hoteles. En principio, los que están en la habitación. Siempre trato de racionar al mínimo el uso y retirarlos rápido para que, de ser posible los reemplacen incluso más de uno por día. Con eso, tenemos en casa un stock de reserva para cuando el Pantene se acaba y la visita a Farmacity se dilata.
Pero este año fui un poco más allá y, con más vergüenza aún, debo contar que en este viaje asalté el carro de las mucamas cada vez que pude. O sea, cada vez que lo vi solo y desprotegido. Pasaba, agarrraba dos o tres (o cuatro o cinco) mini shampoos y me los guardaba sin que nadie me viera, o al menos, sin que nadie me atrapara.
En el primer hotel cometí el error (de novato) de ponerme nervioso y agarrar acondicinador. Malísimo. La crema de enjuague no sirve. En el segundo hotel, entonces, fui un poco más preparado. Los shampoos son rojos, los acondicionadores son naranjas. ¡Concéntrate unmigone! Así que en cuanto pude fui, tomé los rojos y seguí caminando.
En el tercer hotel tuve la experiencia más cercana a ser atrapado in fraganti. Estuve dando vueltas por el pasillo unos tres minutos esperando que el carro quede desprotegido. Las mucamas no lo abandonaban. Y me veían dando vueltas. Finalmente se metieron en la habitación. Eran dos. Fui, agarré cinco shampoos y me los metí como pude en el bolsillo del pantalón. Apuré el paso hacia el ascensor. Cuando llegaba al final escuché que una me empezaba a hablar.
-Excuse me Sir?
(seguí caminando; me temblaban las piernas)
-Sir? (más fuerte)
Bueno, acá se terminó mi aventura, tengo que enfrentar la humillación de ser atrapado. Cómo le explico a esto a mi familia y otras cosas más se me cruzaron por la cabeza.
Me di vuelta, derrotado.
-Yes?
-Which room are you in?
-703
-Are you leaving?
-Not now, in one hour.
-Ok, thank you.
Zafé.
Pero después me di cuenta de que las cámaras de seguridad en los pasillos registran todo. Y mucho más tarde también me di cuenta de que la práctica no es orignal, nueva ni propia de los hoteles medio pelo, tal cual se relata en un momento de la película Maid in Manhattan, con Jennifer Lopez.

lunes, 17 de octubre de 2016

Joaquina, 3 años

Un castillo de Little People que ocupó media valija.
Una torta de Frozen.
Una visita a la oficina de Papá.
Un almuerzo en Dogg.
Un festejo en el Recoleta Mall.
Un vestido que se puso sin quejarse.
Un  asado en lo de los abuelos.
Un festejo de cuatro días que puso celoso a su hermano.

Eso y mucho más fue el cumple de nuestro bebé más pequeño. Recordando aquel día.